martes 10 de enero de 2012

Zorras periodistas


¡Feliz 1984! Perdón... ¡Feliz 2012! Después de un pequeño parón por las fiestas, Utopía vuelve a ponerse en marcha, como no podría ser de otra manera en este año cargadito de desilusiones y pesimismos. ¿Recuerdan un año que se haya empezado con menos alegría? Y eso que este verano toca Eurocopa... Quizás gran parte de culpa la tengamos los periodistas, que sólo damos malas noticias. Desempleo, corrupción, guerras, Paquirrín... Pero deben entender, respetados lectores, que el pesimismo está en el ADN del periodista. ¿A quién le interesan las buenas noticias?

En los últimos años, hablar con un periodista se ha convertido en un suplicio deprimente. Si tienen cerca a alguno, huyan; especialmente si está parado (o sea, la inmensa mayoría). Sus conversaciones serán sota, caballo, rey: "La crisis económica es profunda, pero la nuestra, la de los medios, mucho peor, y lleva más tiempo"; "Al menos hay ofertas en Infojobs de lo tuyo, pero de periodista no hay ni una"; "Perdona, ¿decías? Es que tuiteaba con mi antiguo jefe por si suena la flauta..." Nuestra pertinaz autocompasión nos ha transformado en el Atlético de Madrid de los profesionales. Los pupas patológicos.

Y eso es lo que nos ha llevado a la consagración de un grupo de periodistas traidores: las zorras. Esos que, al no alcanzar las cotas que se fijaron en segundo de carrera se han convencido de que las uvas no están tan maduras como pensaban y por ello ahora las desprecian. Los mismos que apostaban por "la profesión más bella del mundo" con la boca pequeña, son los mismos que se largaron del frente cuando la batalla arreciaba; cuando el cambio tecnológico y conceptual de nuestro trabaja requería el apoyo de todos. Son esos, al no estar en sus puestos cuando el enemigo atacaba, dejaron entrar a las ratas.

Nos quejamos de nuestra perra suerte, pero lejos de alzar la cerviz y embestir con nuestras gónadas maldecimos a los dioses. Dejamos que tiren del carro los buenos (escasos) compañeros. Pero cabría preguntarse que pasará si estos, con todo el derecho del mundo, se acaban cansando. Sería la puntilla a una profesión que entre todos la matarón y ella solita se murió. 

PD: Artículo escrito en la cola del INEM 

Es miserable saberse miserable, pero es ser grande reconocer que se es miserable
          Blaise Pascal 


jueves 22 de diciembre de 2011

Juego de tronos en Pionyang

Supongo que muchos de ustedes habrán visto la serie 'Juego de tronos'. Reconozco que me ha decepcionado un poco; y eso que me entregué en sus brazos cual doncella virginal sin haber catado ni uno solo de los libros que componen la saga. A pesar de que cuenta con elementos y personajes excelentes, tengo la sensación de no ver nada nuevo. Por favor, amantes del género fantástico, sacadme de mi ignorancia (talibanes de elfos y dragones, absténganse). El caso es que no entiendo por qué muere todo el mundo; así no me da tiempo a encariñarme con nadie y la narrativa va a previsibles trompicones. ¿Por qué, me pregunto yo, empeñarse en reliarlo todo para no contar nada? Eso pasa por no tener a un guionista norcoreano.

Kim Jong-un rodeado por la cúpula militar con la que compartirá el poder.

Si el equipo de producción contara con un Chon Myong-sam de la vida (equivalente a un John Smith o un Manuel Pérez), seguro que la trama hubiera sido mucho más apasionante. El bueno de Chon sólo tendría que mirar para casa para llevarse más de un Emmy a Pionyang. Mientras una mínima parte del pueblo (el que muestra la propaganda del régimen) berrea en las calles (a punta de pistola) arrancándose los pelos por la muerte del hombre que más ha hecho por la industria del fijador y la laca en la historia, Kim Jong-il, los que esperaban una sucesión relativamente armoniosa se han llevado un buen palo. El hijo del 'Querido Líder', el mofletudo Kim Jong-un, debido a su escasa experiencia exprimiendo oprimidos va a tener que compartir el poder con la cúpula militar de uno de los ejércitos más grandes y armados del mundo... con seis bombas atómicas al menos.

Y es que pocos se fían del inflado Kim, con lo aplicado que era en su universidad de Suiza. Ni siquiera su tío político, Jang Song-thaek, quien se erige como una suerte de Espartero (sin caballo bien dotado) pero a quien los expertos señalan como posible regidor de facto del país.

¿Aceptará durante mucho tiempo el bueno de Kim ser una marioneta de los generales? ¿El cuñado de Kim Jong-il, como todos los cuñados del universo, se comerá la última loncha del jamón del bueno? ¿Se pondrán nerviosos unos y otros y repartirán estopa a Corea del Sur, como ésta teme, para transmitir fortaleza en el exterior? Éste sí que es un buen guión, no me lo nieguen. El problema radica en que, mientras en 'Juego de tronos' a los que nos mosqueó la muerte de Sean Bean pudimos apagar la tele y darnos una vuelta por ahí, en Pionyang 25 millones de pobres se tienen que tragar las satrapías del listo de turno, sea regordete y apocado, u octogenario, cascarrabias, y con un botoncito rojo para hacer diabluras nucleares.

Puede consultar éste y otros artículos en el blog 'Los Idus de Marzo'.

martes 6 de diciembre de 2011

Shakespeare, la duda y el Conde


Para quien no lo sepa, ir al cine en Londres es proporcional a comprarte un Rolex o comer beluga todos los días. Un artículo de lujo, para que nos entendamos. Por esa razón me pienso muy mucho qué ir y qué no ir a ver. Hace poco más de un mes estrenaron Anonymous, película que trata el ya muy debatido asunto de la autoría de las obras atribuidas a  Shakespeare. No es que haya dedicado mucho estudio al tema pero, por azares de la vida, me he topado con el mismo en varias ocasiones y de forma bastante intensa. ¿Por qué ir a verla? Pues porque se centra en la figura del 17º Conde de Oxford, Edward de Vere, favorito de una escuela que precisamente lleva su nombre y que lo señala como auténtico autor de los Hamlet, Ricardo III o Medida por medida. La película no está mal. Se apoya en buenas actuaciones y, dejando a un lado las frivolidades propias del cine de entretenimiento (amoríos, peleas y demás), creo que introduce bastante bien el interrogante sobre quién estaba detrás de la pluma de El Bardo.

¿Fue Shakespeare un fraude?, reza el 'tagline' del póster del largometraje. Arrojemos algunas ideas y que cada uno saque sus propias conclusiones.

- William Shakespeare fue un actor y comerciante, nacido en Stratford-upon-Avon, localidad que, en el siglo XVI (cuando nació el supuesto escritor), apenas pasaba por ser una aldea. Cuesta creer que el mayor dramaturgo de la historia creciera sin estudios en una pedanía londinense de iletrados. 

- Las obras de Shakespeare se representaron en vida de éste (no todas). Extrañamente, sólo se conservan tres documentos que hablan de la persona y ninguno sobre sus dramas.

- En la época, el bien más preciado que un escritor podía legar a los suyos eran los libros recopilados a lo largo de su vida. Sin embargo, en el testamento de Shakespeare, éste sólo deja un candelabro y algo de ropa vieja a su mujer.

- Ese mismo testamento aparece firmado por Shakespeare. Una firma que los expertos atribuyen a alguien que apenas sabía escribir.

- Se conserva igualmente un documento de la compra de una vivienda por parte de una de las hijas de Shakespeare (tuvo un hijo, fallecido prematuramente, y dos chicas). La firma es una cruz, la misma que cualquier otro analfabeto.

- En El Mercader de Venecia existen descripciones exactas de la ciudad italiana. Se sabe que Shakespeare jamás salió de Inglaterra. De Vere, por su parte, estuvo cerca de año y medio viviendo allí.

Edward de Vere, 17º Conde de Oxford
- En sus famosos Sonetos, Shakespeare insta al Conde de Southampton a contraer matrimonio con evidente afecto y no sin sorna. En aquella época era prácticamente imposible tal relación entre dos personas de distinto estrato social.

- Y la gran pregunta: ¿por qué Oxford no asumiría la autoría de sus obras? Básicamente, hay que dar un salto atrás en el tiempo y pensar con la mentalidad de la época (detalle que se trata muy bien en la película, por cierto). En pleno renacimiento inglés, muchos nobles se dedicaban al arte. Sin embargo, por el temor a las críticas y a arriesgar su reputación, rara vez se reconocía abiertamente. Este caso no es único en la historia de la literatura.
De William Shakespeare no se conserva retrato alguno original, y este alegórico, también ha sido objeto de estudio. Nótese la conocida 'Mistery line' que surca uno de los lados de la cara; para algunos muestra que el retratista (un grabador neerlandés que aceptó el trabajo por encargo) quiso sugerir una máscara. 

En cualquier caso, la palabra 'fraude' no parece la más apropiada, pues tiene connotaciones de robo o estafa cuando, realmente, el propio De Vere era el primer interesado en que su pluma quedara en la sombra. Evidentemente no es el único candidato de los estudiosos del tema (Sir Francis Bacon y Christopher Marlowe son los otros dos), pero sí el que presenta más credenciales.

Me gustaría compartir una última reflexión. Resulta curiosa y muy lógica la actitud de la inmensa mayoría de la audiencia inglesa: Shakespeare es un orgullo y un símbolo nacional, ¡que a nadie se le ocurra siquiera mencionar que es una farsa!

Me siento algo así como hechizado por el convencimiento de que el divino William es el mayor y más exitoso fraude ejercido sobre el mundo
          Henry James 

martes 29 de noviembre de 2011

Cuatro adorables ancianos

De izq. a der.: Nuon Chea (84), Ieng Sary (85), Ieng Thirith (79) y Khieu Samphan (79)

Sus rostros ajados los convierten en venerables; en elementos respetables de cualquier sociedad, civilizada o tribal. El brío de sus cuerpos se fue hace tiempo. Ahora necesitan la ayuda de otro para comer, asearse, recordar rostros familiares o incluso levantarse de un asiento. La semana pasada, una sala repleta de personas en Phnom Penh (Camboya) dio fe de ello. Pero pocos o ninguno de los presentes mostraron la mínima simpatía o caridad por los cuatro ancianos. Y es que, no hace mucho tiempo, simplemente con mencionar los nombres de esos cuatro entrañables personajes, en cualquier punto del pequeño país de la península indochina hasta el más bravo temblaba de pavor. No obstante, estamos hablando de cuatro de los máximos dirigentes de los terribles Jemeres Rojos: Nuon Chea, de 84 años, ideólogo y número dos del régimen; Khieu Samphan, de 79 y antiguo presidente de la República Democrática de Kampuchea; Ieng Sary, de 85 y ex ministro de Esteriores; y su esposa, Ieng Thirith, de 79 y (atentos a la ironía del cargo) responsable de Asuntos Sociales. Al cuarteto de la muerte se les acusa de crímenes de genocidio y contra la Humanidad, pues bajo su abyecto mandato (1975-79), más de dos millones de personas fueron torturadas y masacradas sin impunidad.
Podría pensarse que más vale tarde que nunca; que la justicia, aunque a su ritmo, acaba llegando. Sin embargo, lo cierto es que en Camboya muy pocos esperan que los asesinos de toda una nación acaben pagando por lo que hicieron como merecieran. El día a día y el sospechoso desarrollo de los procesos judiciales no alimentan la esperanza. Muchos son los cargos en la administración del país que tienen pasado como jemer; sin ir más lejos, el propio primer ministro Hun Sen, quien no ha disimulado al entorpecer el juicio en reiteradas ocasiones. Por su parte, el Tribunal Internacional de la ONU ha demostrado una estolidez espartana traducida en millones de dólares empleados en desenmarañar a toda costa (y con dudoso resultado) la jungla de secretos, nepotismos y mentiras en la que los asesinos se esconden.
Y es que, aunque todo apunta a que se hará, por fin, justicia, los camboyanos sienten que ésta llega tarde y mal. Pol Pot, el sanguinario y melómano líder de la revolución agraria, murió en 1998; por su parte, el responsable militar de los Jemeres, Ta Mok 'el Carnicero', falleció en 2006 mientras esperaba ser juzgado. La solitaria condena a 35 años de cárcel a Kaing Guek Eav 'Duch' por torturas parece una broma si lo que pretende es compensar a una población que fue vejada, maltratada, violada, y despojada cruelmente de su dignidad.

 
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