¡Feliz 1984! Perdón... ¡Feliz 2012! Después de un pequeño parón por las fiestas, Utopía vuelve a ponerse en marcha, como no podría ser de otra manera en este año cargadito de desilusiones y pesimismos. ¿Recuerdan un año que se haya empezado con menos alegría? Y eso que este verano toca Eurocopa... Quizás gran parte de culpa la tengamos los periodistas, que sólo damos malas noticias. Desempleo, corrupción, guerras, Paquirrín... Pero deben entender, respetados lectores, que el pesimismo está en el ADN del periodista. ¿A quién le interesan las buenas noticias?
En los últimos años, hablar con un periodista se ha convertido en un suplicio deprimente. Si tienen cerca a alguno, huyan; especialmente si está parado (o sea, la inmensa mayoría). Sus conversaciones serán sota, caballo, rey: "La crisis económica es profunda, pero la nuestra, la de los medios, mucho peor, y lleva más tiempo"; "Al menos hay ofertas en Infojobs de lo tuyo, pero de periodista no hay ni una"; "Perdona, ¿decías? Es que tuiteaba con mi antiguo jefe por si suena la flauta..." Nuestra pertinaz autocompasión nos ha transformado en el Atlético de Madrid de los profesionales. Los pupas patológicos.
Y eso es lo que nos ha llevado a la consagración de un grupo de periodistas traidores: las zorras. Esos que, al no alcanzar las cotas que se fijaron en segundo de carrera se han convencido de que las uvas no están tan maduras como pensaban y por ello ahora las desprecian. Los mismos que apostaban por "la profesión más bella del mundo" con la boca pequeña, son los mismos que se largaron del frente cuando la batalla arreciaba; cuando el cambio tecnológico y conceptual de nuestro trabaja requería el apoyo de todos. Son esos, al no estar en sus puestos cuando el enemigo atacaba, dejaron entrar a las ratas.
Nos quejamos de nuestra perra suerte, pero lejos de alzar la cerviz y embestir con nuestras gónadas maldecimos a los dioses. Dejamos que tiren del carro los buenos (escasos) compañeros. Pero cabría preguntarse que pasará si estos, con todo el derecho del mundo, se acaban cansando. Sería la puntilla a una profesión que entre todos la matarón y ella solita se murió.
PD: Artículo escrito en la cola del INEM
Es miserable saberse miserable, pero es ser grande reconocer que se es miserable


14:14
Andrés Ortiz Moyano

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2 comentarios:
Feliz año, Andrés. Volvamos al eterno debate: ¿cómo sobrevivirá el periodismo y por ende el periodista a esta nueva situación? Si medios como ADN o Público cierran o se someten a EREs, ¿qué hay del resto, las pymes? Volvamos a lo de siempre: el periodismo se sustenta en el sector empresarial que invierte en publicidad. Sin publicidad no hay medios, sin medios, el periodismo se desvanece poco a poco. Si bien, siempre hay historias que contar.
Querido Andrés, no te faltan razones para destilar pesimismo. Al hilo de tu artículo quiero recordar el caso de los periodistas Rosa María López y José Luís Gutiérrez. Rosa María publicó en Diario16 un reportaje sobre una posible conexión de la Casa Real marroquí y el tráfico de drogas en España. Por este reportaje, ella y el director del diario sufrieron la más dura represión que recuerdo por parte del Gobierno, la Policía y los tribunales de España.
http://www.derechos.org/nizkor/espana/doc/gutierrez.html
Además, Rosa Maria y su familia fueron acosadas brutalmente por medios mafiosos que quebrantaron su salud y la de su marido. Por ello abandonó la profesión.
Todo esto ocurrió con el silencio cobarde y bochornoso de la mayoría de los periodistas.
Por eso no te falta razón al ver zorras: Zorras guardando el gallinero
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