Anoche tuve el sueño más extraño

*Se recomienda la reproducción del vídeo superior durante la lectura de este artículo para fomentar su carácter onírico.

Anoche tuve el sueño más extraño. Soñé que vivía en un bello país en el que sus habitantes, felices, se ayudaban los unos a los otros. Donde no había diferencias ni rencores. Soñé que reían y vivían alegres, sabiéndose creadores del país más feliz del mundo.

Soñé que los gobernantes bailaban y se ayudaban a pesar de sus diferencias, y que organizaban unas estructuras estatales que funcionaban solas, profesionalizadas, con el único objetivo de cumplir el cometido por el que fue concebido.

Soñé que en ese país se fomentaba el trabajo y la justicia. Las calles se colmaban de colores, los monumentos brillaban y las estatuas del pasado cantaban bellas canciones de paz.

Soñé que se componían odas a la valentía, al emprendimiento, a la honestidad y a la investigación. Se contaban cuentos de miedo sobre la corrupción, el inmovilismo y el apoltronamiento, y sólo entonces se nublaba el cielo. Pero aparecían pegasos y unicornios, vigilantes, que devolvían la seguridad y la felicidad.

Soñé que los niños jugaban y leían, y que hablaban con las flores, que con su aroma les convertían en los buenos hombres y mujeres del armonioso futuro.

Anoche tuve el sueño más extraño… y después desperté. Y me pregunté si alguna vez volvería a ver ese país. Y entonces lloré.

¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.

Pedro Calderón de la Barca

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