Delirios de un liberto

Trozo del Muro de Berlín en el museo del comunismo de Praga.

Trozo del Muro de Berlín en el museo del comunismo de Praga.

“Déjame vivir mi vida, disfrutar la libertad, tocar los límites, alcanzar las estrellas, entender el mundo. Éso es lo que quiero”. El eco ahogado de un pasado reciente; quizás de una actualidad latente. El rescate de un ruego anónimo ahora en tiempos de mordaza, pan y circo. La fuerza de la palabra como ariete medieval. Una utopía, una obligación.

El maestro Zweig ya lo escribió en su voluntario epitafio: “…y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra”. No elegimos estos tiempos, pero son los que nos ha tocado vivir. Hijos de Occidente acomplejados, presos de sus propios miedos y del dedo acusador de los oscuros, de los enemigos de la libertad. Aquellos que escudados en su verdad y sus fines son inexorables con los hombres.

Es esa libertad, la de Zweig, la que deseo. Luz y faro, pero frágil y maculada. Nos han tocado tiempos movedizos donde el individuo, por sus propios méritos, ha dado la razón a Orwell y Huxley. Es esa libertad la obsesión, el delirio, la que quiero compartir y cultivar en estas páginas digitales. Donde todos tengan cabida, opinen y se desvistan de miedos y prejuicios.

Los tiempos de la otra ‘Utopía’ ya pasaron, aunque volveremos a recorrer el mundo enarbolando las banderas del periodismo de denuncia. Habrá también lugar para el análisis crítico (‘crítico’, ¡qué formidable palabra!) y preguntas abiertas sobre el panorama que nos envuelve. Es decir, entenderemos.

También habrá palabras e ideas personales. Reflexiones íntimas y soliloquios. Mi opinión no gustará, es precisamente lo que pretendo, pero negarme a ello sería negarme a mí mismo.  Mi libertad, como la tuya, amigo lector, es sagrada en este .com Es decir, disfrutaremos.

Igualmente me permitiré el lujo de aconsejar en aquello que me desenvuelvo profesionalmente: la comunicación digital. Intentaré no ser ni pedante ni pretencioso (difícil, lo reconozco). Es decir, tocaremos los límites.

Y, cómo no,  pretendo sumergiros en océanos de libros y ríos de música. En narraros mi extrema fascinación por el universo y lo que siempre nos precedió. Es decir, alcanzaremos las estrellas.

Utilizo palabras graves y pesadas, las que suelen ser esclavas de sí mismas y transformarse en promesas y querencias vacuas. Lo sé. Pero siempre me gustó el riesgo.

Bienvenidos.

—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.

Don Quijote. Capítulo LVIII

Miguel de Cervantes

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