El momento de Europa: Entrevista a Beatriz Becerra

 

Hablar con Beatriz Becerra Basterrechea (1966, Madrid) es hacerlo con una de las mentes más preclaras, lúcidas y decididas del complejo y, a veces, confuso corazón de la Unión Europea.

Eurodiputada, vicepresidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, escritora y miembro del independiente Grupo de la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa, Becerra aborda sin tapujos los principales fantasmas del proyecto europeo, la situación en Venezuela, el drama de Oriente Medio o el movimiento #Me Too.

Pregunta a quemarropa: ¿está la Unión Europea en crisis?
La UE vive en una crisis permanente desde que se fundó. Es un proyecto político sin precedentes y tremendamente complejo, por lo que es fácil que parezca a punto de saltar por los aires, pero así llevamos más de 60 años y seguimos avanzando. Está claro que el Brexit y el auge de los populismos han arrojado nuevas dudas sobre la viabilidad, pero al mismo tiempo la victoria de Macron en Francia y la nueva coalición de Merkel en Alemania son buenas noticias. Creo que hay que ser realista, no caer en la euforia, pero tampoco dejarse llevar por el catastrofismo.

Quizás uno de los principales problemas, tradicional en este caso, es que la propia UE no sabe “venderse”. En España, por ejemplo, aunque las encuestas señalan que es una de las sociedades más europeístas, el ciudadano medio parece desconocer realmente qué significa ser europeo.
Esto que usted menciona es especialmente serio ahora, en estos tiempos de desinformación. La UE nunca ha sabido “venderse”, pero tampoco lo ha necesitado mucho para seguir avanzando. Sin embargo, ahora se ha producido un cambio tecnológico que abre la puerta a nuevas formas de desinformación, y Europa es muy vulnerable a ellas. No es sólo, ni principalmente, la amenaza rusa; el principal problema es cómo manejan las mentiras los enemigos internos de la Unión. Sin olvidar que este fenómeno tiene un alcance mayor, como muestra la relevancia que ha ganado el movimiento antivacunas.

Nacionalismos, populismos de extrema izquierda y, sobre todo, de derecha. ¿Cómo hemos llegado a esto después de décadas de proyecto europeo?
Los nacionalismos y populismos llevaron a Europa al desastre en la primera mitad del siglo XX. Luego vivimos un periodo democrático de recuperación y prosperidad, y creíamos que habían desaparecido, pero no era cierto. Estaban latentes, y han aprovechado la gran crisis de 2008 para recuperarse y ganar apoyo popular. Usan técnicas de desinformación y juegan con la dificultad de la UE para explicar sus beneficios y fortalezas.

¿Qué hacemos con los rusos?
Mantener unas relaciones políticas fluidas, pero desde una posición de exigencia y seriedad. Es obvio que Putin sabe explotar nuestras debilidades, por eso debemos avanzar hacia una mayor integración en política de exteriores y defensa. Rusia es una potencia menguante, un país respetable por historia y demografía, pero en modo alguno el imperio que fue. Y, sin embargo, en muchas ocasiones, parece que bailamos a su son. No estamos en guerra con los rusos, pero las relaciones deberían reflejar el poder real de cada parte.

Como vicepresidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo y eurodiputada, ¿cómo justifica la gestión de la crisis de refugiados sirios por parte de la UE? ¿Y la tragedia diaria del Mediterráneo?
Lo he explicado muchas veces: la UE se ha esforzado por llegar a acuerdos sobre las cuotas de refugiados, unos acuerdos que firmaron los países miembros. Pero al final son competencias de los estados miembros, son ellos los que están incumpliendo. Y entonces lo que se ve es que Bruselas no tiene herramientas para obligar al cumplimiento de lo firmado. Eso es lo que tenemos que revisar, pero debe quedar claro que lo que ocurre no es estricta responsabilidad de las instituciones europeas, sino mucho antes de los gobiernos nacionales.

¿Siria tiene solución?
A corto plazo no la veo. Me gustaría que Europa tuviera un papel más claro, que fuera un actor relevante, porque podríamos ayudar más a encontrar la solución. Por desgracia no es así. Lo que no me gusta nada es que se vea a Asad como parte de la solución para evitar un mal mayor. Llegados a este punto, el mal mayor ya se ha producido, es hora de buscar soluciones más ambiciosas. Hay que sentarse con Rusia, Irán, Turquía y EEUU y pactar una salida que dé voz a los sirios. Debe ser una solución democrática.

Crucemos el charco, ¿a Europa le importa Venezuela? ¿Qué puede hacer frente a Maduro?
Sí, a Europa le importa Venezuela, y mucho, aunque entre nosotros algunos partidos de izquierda criados en la admiración a Hugo Chávez quieran mirar para otra parte. Serán los venezolanos los que derroten a Maduro, pero nosotros tenemos un papel importante: las sanciones de Europa golpean a Maduro y a sus cómplices donde más les duele: en el bolsillo. Las sanciones tienen que ser completas y muy eficaces, y no debemos dejarnos engañar por actos propagandísticos como la parcial liberación de presos políticos. Quedan 300 todavía en las cárceles venezolanas.

¿Considera que hay una verdadera hermandad real y de sentimiento entre España e hispanoamérica? ¿Cómo podemos fomentarla desde Europa?
No tengo duda del sentimiento de cercanía y hermandad entre España y América Latina, y creo que mi país debería tener un papel importante en fomentar las relaciones. Desde el Parlamento Europeo puedo asegurar que son unas relaciones frecuentes y fluidas, compartimos delegaciones y los problemas y oportunidades de América ocupan buena parte de nuestro trabajo. Es una región dinámica y prometedora, debemos considerarla estratégica.

Volvemos a saltar hacia el otro lado: usted ha estado en Arabia Saudí, ¿los acuerdos comerciales justifican que muchos en la UE miren hacia otro lado cuando a Riad se le va la mano (que es casi siempre)?
Arabia está vendiendo un cambio social, pero esto ya lo hemos visto otras veces: se dan pasos siempre medidos y no se profundiza. Se anuncia que las mujeres pueden conducir, pero se mantiene el régimen de tutela masculino y sigue habiendo presos por defender los derechos humanos. Yo defiendo mantener relaciones fluidas, francas, pero en las que los derechos humanos ocupen un lugar central. No pido que seamos maximalistas porque eso no conduce a nada positivo, pero sí que usemos nuestra influencia para ir logrando mejoras graduales para los árabes, y en especial para las mujeres.

Cambio radical. Usted (obviamente) es mujer: ¿qué reflexión le merece el movimiento #MeToo, o más bien, el auge del feminismo social y político?
Es una buena noticia, refleja un interés real por solucionar problemas que han permanecido ocultos. El caso Weinstein fue tan potente porque mostró la dimensión del iceberg, y no sólo la punta como se veía hasta entonces. Ahora bien, yo defiendo un feminismo liberal que busca la igualdad real de todos los individuos, sin venganzas ni ingeniería social. Quiero avanzar en reformas legales que garanticen la igualdad en el ámbito profesional, en la conciliación y en la protección de las mujeres, pero sin olvidar lo que ya hemos conseguido ni hacer discursos ideológicos que buscan más dividir que sumar.

Y, por último: ¿hay luz al final del túnel?
Como liberal soy optimista por naturaleza. Es más, incluso discutiría que estemos en un túnel. Hay problemas y desafíos, qué duda cabe, pero también muchas oportunidades para seguir progresando. Me centro en contribuir, en la medida de mis posibilidades, a que la Unión Europea asuma el papel histórico que le corresponde en un tiempo en que Estados Unidos ha optado por un repliegue nacionalista. Creo que es el momento de Europa.

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