En Venezuela el periodismo libre coge el autobús

Un buen truco para conocer la salud política y social de cualquier país es cotejar sus índices de libertad de prensa. Especialmente nítidos resultan los baremos de Reporteros Sin Fronteras, cuyo informe de Depredadores de la Prensa se publica anualmente para que nos sea más sencillo identificar en qué rincones del mundo huele más a podrido. En el informe de 2016, por ejemplo, los datos evidencian una Venezuela cada vez más a la deriva, donde Nicolás Maduro demuestra una perversa alergia al periodismo libre e independiente. No en vano, el dictador es fiel a su cita con el informe, en el que desde 2013 aparece consecutivamente y donde comparte cartel con otros ínclitos amantes de la mordaza como Kim Jong-Un, Raúl Castro, los Zetas, el mismísimo Estado Islámico o Vladimir Putin, entre otros. La frialdad de los datos, tan necesaria en tiempos de paroxismo, señala que Venezuela ha pasado del puesto 117 en 2013 al 139 entre 180 países en 2016, según la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa, también elaborada por RSF.

Ciertamente, el régimen de Maduro es un depredador insaciable y cruel, pródigo en cazar brujas que esgriman un micrófono, una cámara, una libreta o un lapicero. En ese mismo periodo de tiempo, 22 diarios dejaron de circular por la escasez de papel, el cual depende, precisamente, del mismo gobierno. Por otra parte, mientras el acoso y hostigamiento al periodista independiente es constante, Maduro juega arbitrariamente con las licencias a medios audiovisuales e, incluso, facilita la compra de cabeceras como El Universal o Globovisión por parte de amiguetes y afines.

Pero a pesar de que las tinieblas son espesas en Venezuela, especialmente tras la infame, fraudulenta y falsa votación de la Constituyente, el periodismo renace como un paladín irreductible.

Y es que en apenas un trimestre se ha convertido en toda una revolución informativa que representa el renacer de los movimientos cívicos en Venezuela. De Caracas a Barquisimeto, Valencia, Carabobo, o Mérida, entre muchas otras. Las redes sociales, cómo no, se han convertido en su principal plataforma de difusión, donde cuentan con más de 11000 seguidores en Twitter, un creciente canal oficial de El Bus TV en YouTube y una actividad frenética en Instagram. Por otro lado, medios y agencias internacionales como The New York Times, Reuters, AFP, The Wall Street Journal, CNN e incluso algunos de Brasil, Honduras, Irlanda o Hungría, se han hecho eco del proyecto.

Igualmente, reconocidos profesionales de la comunicación venezolanos de distintos medios, como Dereck Blanco, Roman Lozinski, o Alicia Hernández, entre otros, han participado en los noticieros a bordo de los autobuses.

El incontestable y meteórico éxito de El Bus TV plantea muchas cuestiones sobre su futuro inmediato y a largo plazo. “Hemos pasado de algunas emisiones en pocos autobuses de Caracas, a tener muchos equipos voluntarios en varias ciudades y estados del país. Y todo en muy poco tiempo”, señala Laura Helena Castillo, periodista venezolana y una de las impulsoras del proyecto. “Esta iniciativa alcanzará su objetivo cuando las comunidades de las zonas populares se organicen y disfruten de un servicio de información competente. ¿Cómo? Es fundamental la formación de periodistas digitales y el papel de las universidades. El problema es la distribución de las noticias y la información, no su producción; y cuando ese aspecto se pueda cubrir, El Bus TV habrá conseguido su objetivo”.

Claudia Lizardo, otro miembro del equipo creador del proyecto, destaca el poder simbólico del mismo como iniciativa de conciliación y libertad: “Comenzamos el 27 de mayo, que coincidió con el décimo aniversario de la no renovación de la licencia de Radio Caracas por el gobierno. Nuestras expectativas eran muy bajas, pero sólo el primer día los ciudadanos nos aplaudían y felicitaban, los conductores no nos dejaban pagar los tiques. Nos apeamos eufóricos y con el pensamiento de que realmente estábamos haciendo algo bueno por la sociedad. Estamos cansados de la retórica agresiva y de confrontación a la que nos han acostumbrado a los venezolanos en los últimos años. La sociedad es mucho más pacífica y tolerante de lo que parece, y de ahí que El Bus TV sea respetuoso y profesional”.

Proyectos como El Bus TV, que aun naciendo en un clima de protesta trascienden en realidad ideologías y etiquetas, representan prometedoras panaceas para regímenes enfermos. Porque las constantes y continuas implosiones políticas y sociales que sufre Venezuela no pueden ser comprendidas y calibradas sin la presencia de un periodismo honesto e independiente. No se puede comprender un futuro viable y digno para un pueblo sin periodismo. El dictador, el cobarde y el mezquino tiemblan ante él, pues la luz de la verdad los abrasa como si de un fuego fatuo purificador se tratase.

*Artículo publicado en Literal Magazine.

Deja un comentario