Israel-Daesh: el acuerdo oculto de dos antagonistas

Durante los casi tres años de actividad como pseudoestado independiente y hostil, Daesh se ha ganado la antipatía y abierta enemistad de todos los actores internacionales. Pocas veces ha habido tanta unanimidad, al menos delante de las cámaras, a la hora de condenar y despreciar un grupo terrorista por parte de las principales potencias con intereses en Oriente Próximo y Medio. Lo hacen EEUU, Rusia, Irán, Jordania, el gobierno sirio, o la Unión Europea, entre muchos otros. Incluso sus pretéritos patrocinadores, las monarquías del Golfo y Arabia Saudí, reniegan ahora de su particular monstruo de Frankenstein.

Por tanto, no deja de ser, cuanto menos curioso, que uno de los elementos más relevantes en la zona, Israel, demuestre un discurso tan poco nítido en relación a los yihadistas del califa Abu Bakr al Baghdadi.

Oficialmente, por supuesto, la condena del gobierno al Estado Islámico es clara. “Irán y el Estado Islámico quieren destruirnos y el odio hacia los judíos se dirige hacia el estado de Israel”, señaló el primer ministro Benjamín Netanyahu. “Y cualquiera que amenace con destruirnos corre el riesgo de destruirse a sí mismo”, añadió ‘Bibi’, fiel a su habitual retórica contundente.

Sin embargo, un constante halo borroso, como de niebla británica, envuelve las relaciones de tan dispares actores. Y es que Israel ha podido, con lógica, entender desde un principio como amenaza capital la expansión del califato y su abyecta red terrorista internacional. No obstante, las huestes de Al Baghdadi no han osado en ningún momento enfrentarse a los israelíes abiertamente. Así pues, es de recibo preguntarse: si Israel ocupa un territorio que forma parte del califato universal de Daesh, si la distancia geográfica entre ambos es ínfima, y además el judaísmo es, según el ideario salafista radical, una religión que debe erradicarse, ¿por qué no ha habido agresiones hacia el país?

En un primer análisis, se entiende que el enorme poderío militar y de inteligencia de Israel lo convierte en un enemigo formidable, que conviene evitar a toda costa dada la beligerancia y contundencia con la que suele responder. Se podría deducir, pues, que el principal motivo es bastante prosaico al responder a una mera cuestión de fuerza.

Sin embargo, ésta no parece ser la retórica habitual de los yihadistas, normalmente inflada de propaganda triunfal, sobre todo en los buenos tiempos del califato. La realidad es mucho más profunda y compleja. Empezando porque hablar directamente de una relación entre Israel y Daesh no es del todo certero.

Y es que la actividad más próxima a Israel por parte de un grupo salafista radical no es del propio Daesh, sino de una facción denominada Jaysh Khalid que opera en Yarmouk, en la frontera de Siria con los Altos del Golán, y que en su día se formó de la unión de varios grupúsculos filiales del Estado Islámico.

Aun así, resulta complicado entender que dos agentes tan antagónicos no hayan tenido fricciones. “Israel es fiel a su principio de neutralidad y no intervención en la zona”, señala el profesor Efraim Inbar, del centro de estudios estratégicos Begin-Sadat, “más aún cuando hay tantas partes implicadas en la guerra de Siria”. Cierto, la actividad de Israel, en la teoría oficialista, no pasa de ser meramente defensiva y cautelosa.

Sin embargo, la sospechosa relación entre los yihadistas y Jerusalén no ha dejado de provocar inquietudes, más aún tras las recientes declaraciones del ex ministro de Defensa entre 2013 y 2016, Moshé Yaalon: “Dentro de Siria hay muchas facciones involucradas: el régimen de Al Assad, Irán, los rusos, e incluso Al Qaeda y Daesh. En estas circunstancias, debes desarrollar una política equilibrada y responsable con el objetivo de proteger tus propios intereses, por un lado, y por otro, mantener tu no intervención. Porque si Israel interviene apoyando a una parte, la otra se aprovechará de ello; por lo que mantenemos nuestras líneas rojas. Todos saben que cualquiera que viole nuestra soberanía sentirá todo el peso de nuestro poder. En la mayoría de ocasiones las agresiones hacia nosotros han venido desde zonas controladas por el régimen sirio, pero una vez su origen fue una zona de control del Daesh y la disculpa vino inmediatamente”.

A pesar de la ornamentada introducción, parece que el también ex Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel sugiere alguna suerte de acuerdo o pacto entre unos y otros.

“No es un pacto oficial”, señala el Aymenn Jawad al Tamimi, investigador del Middle East Forum, “Jaysh Khalid sabe que no puede empezar una guerra con Israel. Aparte de que su verdadero objetivo es desestabilizar el sur de Siria, sería un desastre para el proyecto yihadista en la zona. Otra cosa es que haya un entendimiento mutuo para la no agresión”.

Por su parte, el periodista y analista Richard Silverman, especialmente crítico con la política exterior israelí, señala: “Uno se disculpa por una acción violenta contra sus aliados, nunca contra el enemigo. ¿Qué significa esto, entonces?”.

Así, ¿cuán extraño es ver a Israel pactando con elementos aparentemente antagónicos? Lo cierto es que Jerusalén ha establecido desde hace años una política de cierta afinidad con actores importantes para sus intereses. Asumiendo como enemigo absoluto a Irán, sus relaciones se explican a través de elementos que también tienen como enemigos a los aliados de Teherán. Estos son, principalmente, el gobierno de Al Assad, Hezbollah por supuesto, o las milicias chiíes que combaten a Daesh. Incluso parece que sus relaciones con la mismísima Arabia Saudí y las monarquías del Golfo, a su vez enemigos acérrimos de Irán, no son del todo malas. Se podría aplicar, en este sentido, el dicho ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo’. Este complejo entramado de conexiones se muestra quizás algo más nítido sobre el tablero de Siria, donde todos los intereses convergen.

Daesh, el enemigo común, es el justificante perfecto para que unos y otros aticen a sus enemigos estratégicos. En su momento, el gobierno de Damasco no dudó en señalar que un ataque terrorista a un convoy de la ONU estuvo “apoyado por Israel”. Mientras que Al Tamimi señala que “no hay fundamento” para esa acusación, el profesor Inbar va más allá: “Esas cuestiones son un sinsentido. Si los malos se matan entre ellos, mejor. El objetivo es aislarse, pero también es cierto que debe protegerse de Irán y sus aliados. Así, si hay un envío de misiles desde Teherán a Hezbollah, deben destruirse”.

La realidad, no obstante, es siempre más difusa. Algunas informaciones, como las firmadas por Silverman, aseguran que Israel ha cultivado una alianza en toda regla en los Altos del Golan con Jabhat Fateh al Sham, la nueva denominación del Frente Al Nusra tras su emancipación de Al Qaeda. La colaboración entre ambos alcanza desde la construcción de campamentos para yihadistas y sus familias en terreno controlado por Israel, hasta reuniones con sus comandantes, suministro militar e incluso ayuda a heridos. “La ONU maneja documentación suficiente como para demostrar esta situación”, afirma contundente el periodista.

Por otra parte, llama poderosamente la atención que Daesh, desde su califato, incluso dedicara parte de sus recursos en comunicación y propaganda en explicar por qué no ataca a Israel. Una comunicación como respuesta a las distintas demandas de muchos afines a la causa que urgían a “ayudar a los palestinos en su lucha por la liberación”.

Mientras que Daesh se ha dedicado a amenazar a todo tipo de países musulmanes y occidentales, curiosamente se ha esforzado en explicar por qué la causa palestina no es una prioridad para ellos. En un artículo escrito en la publicación yihadista Al Naba, bajo el título “Al Quds (Jerusalén), ante todo una cuestión de derecho islámico”, los terroristas argumentan por qué la causa palestina es sólo un objetivo como tantos otros.

“Si observamos la realidad del mundo de hoy, vemos que éste se encuentra totalmente gobernado por el politeísmo y sus leyes, a excepción de las regiones en las que Alá ha hecho posible que el Estado Islámico establezca su religión. Por lo tanto, luchar en Palestina (contra Israel) no es distinto de luchar en otros lugares”, se lee en el artículo.

Pero, ¿hasta qué punto se percibe como una amenaza la actividad de Daesh para la sociedad israelí? “La amenaza mayor para el ciudadano es el terrorismo palestino en general”, añade Al Tamimi. “Por supuesto, al gobierno israelí le gusta decir que hay ataques palestinos “inspirados” por el Estado Islámico en Israel, pero no hay evidencia para esto”.

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