Lecciones gabachas

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Reconozco que nunca me han caído muy bien los gabachos. Supongo que porque en mi temprana adolescencia siempre nos crujían al fútbol… y que son el vecino rico. En toda mi vida he conocido a sólo dos que sí aprecio; uno porque vive en mi barrio, y el otro porque es el gran Julien Escudé, central de categoría y pregonero espontáneo. Hay, por supuesto, en esta aversión un puntito de envidia nada sana por ese chovinismo tantas veces arrojado como insulto pero que les ha conferido un carácter competitivo como pocos. El caso es que el destino, o los hijos de puta que han asesinado cobardemente a periodistas, policías y rehenes en los atentados en París, ha querido que sean los franchutes los que tengan que ponerse en primera línea de batalla contra el enemigo terrorista.

Les tengo hambre, repito, pero me alivia que tengan que ser ellos los que lideren en este aspecto a la débil y pusilánime (des)Unión Europea. Desde que los asesinos perpetraron su masacre, el mundo mira a Francia, cuyas reacciones me están pareciendo, hasta ahora, brillantes. Por un lado, desde el minuto uno la respuesta policial ha sido contundente y a los asesinos les han dado billete al paraíso de las huríes sin contemplaciones, anteponiendo siempre la seguridad de sus ciudadanos. (Ninguna muerte es deseable pero desde luego ahora muchos dormiremos algo más tranquilos). Aún más, la supervivencia de varios rehenes es un enorme éxito de los cuerpos de seguridad.

Por otro, y por mucho que la fachorra de Le Pen se frote las manos de cara a las próximas elecciones, la propia sociedad francesa se ha encargado de diferenciar a los terroristas de los musulmanes franceses, que son muchos, fruto de su vasta herencia colonial. (En cualquier caso, el auge de la extrema derecha se antoja más pronunciado). La nutrida participación de miembros de este credo en las manifestaciones es el mejor ejemplo de ese prurito por evitar suspicacias y futuros incendios.

Incluso Hollande, hasta ahora un político “blando” y más eficaz en pensiones de mala muerte con su querida que en el Elíseo, se ha destapado con esta crisis como un hombre de estado conciliador y enérgico en medidas antiterroristas.

Los gabachos serán muchas cosas, pero creo que pocos como ellos para liderar esta guerra que nos afecta a todos. Lo demostraron en 2013, en el norte de Mali, cuando apagaron el fuego de Al Qaeda en la zona, o cuando le petit Sarkozy nos dio una ‘guantá’ sin manos al traernos a los cooperantes españoles secuestrados en el Sahel sin bajarse del avión. Además, que no se nos olvide nunca, gracias a ellos, donnadies como yo o como el imbécil de Willy Toledo podemos decir lo que nos venga en gana, con libertad y todo el derecho del mundo.

La victoria pertenece al más perseverante.

Napoleón

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