Si… (versión sevillista del poema de Kipling)

Si eres capaz de creer en tiempos descreídos cuando los cínicos gobiernan los sentidos.

Si puedes sobreponerte al miedo y la incertidumbre, y aferrarte con dudas a tus principios.

Si tu cabeza y sueños vuelan por el halago pero amarras sus alas por la noche.

Si puedes soportar el aroma del laurel y la plata sin olvidarte de las cenizas del pasado.

O despojarte de viejos rencores pero sin olvidar las afrentas.

Si alzas la cabeza cuando otros te señalan y desprestigian.

O si, siendo engañado, no respondes con engaños,
o si, siendo odiado, no incurres en el odio.

Si asumes tu verdad y tu triunfo, pero te cuidas de hacerte el sabio.

Si tus palabras son tus hechos y no tus razones.

O si sabes diferenciar el aplauso justo de la palmada fácil.

Si tremolas el estandarte de la exigencia, aun cuando tus hijos ruegan por agua y descanso.

Si amas aún en la desdicha, el hastío y la injusticia, y sigues en pie agarrado al pilar de la confianza.

Si puedes soportar la desilusión e inflar el ánimo con el de tu prójimo.

Si puedes apretar músculos, nervios y alma, en pos de unos objetivos que exigen el agotamiento.

Si aprendes a resistir y padecer, y así resistir cuando ya no queda nada,
salvo la voluntad que exclama: “¡Resistid!”.

Si caminas con gigantes sin olvidar a los pequeños que te hicieron grande.

Si extraes lecciones del esfuerzo, el trabajo y la fe, que trascienden el ocio y el mero disfrute.

Si puedes soñar y creer en tu sangre, tus padres y tus hermanos.

Tuya es la Gloria y todo lo que hay en ella,
y, lo que es más, ¡serás un Sevillista, hijo mío!

sevilla

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