¡Vivan las cadenas!

hercules

Imagínense el percal. Fernando VII, el Rey Felón y peor monarca de nuestra historia, vuelve del destierro en 1814. Un puñado de fulanos desenganchan los caballos de la carroza real y se atan ellos mismos para jalarla al grito de “¡Vivan las cadenas!”. Era la escenificación perfecta de lo que quería gran parte del pueblo: cargarse la prometedora Constitución de 1812 y devolver el poder absoluto al imbécil de turno. Cambiar lo desconocido por lo viejo; el liberalismo por el Antiguo Régimen; la oportunidad por la atrofia; el poder ser por el miedo. La gran ocasión perdida, que diría Pérez-Reverte.

Es un sentimiento de vergüenza que dura ya más de dos siglos, que se dice pronto. Pero la calaña política y social que sufrimos en nuestro país, más en ciertas regiones, nos hace revivir este escozor continuo. No en vano, las últimas elecciones andaluzas han confirmado lo que no nos queremos creer. ¿Por qué votamos en masa una y otra vez al partido que durante 40 años ha establecido un régimen de fondo y forma desde Huelva hasta Almería; que ha logrado ser sinonímico de la Junta, y por ende, representativa sólo de una parte de los andaluces; que apesta a corrupción por los cuatro costados; que idiotiza con contenidos vomitivos a través de Canal Sur; que perpetra innumerables tropelías más? Leo estos días la prensa nacional y ofrece sesudos análisis. Amigo, esto es mucho más sencillo, cuando el clientelismo y la paguita tienen nombres y apellidos, poco importan los EREs, la formación, los fondos de reptiles (o los Bárcenas o Gürteles) o que tus dos últimos presidentes estén pringados hasta las cejas por las corruptelas. Aquí nadie reconoce haber votado a los mangantes, pero han ganado con solvencia. Curioso…

Nos ahogan los síntomas de esta decadente sociedad. Enferma y masoquista, egoísta y complaciente, a la que le faltan agallas de verdad. No me duele cuando nos insultan de Despeñaperros para arriba llamándonos vagos, flojos o incompetentes, porque no es en absoluto cierto. Me duele lo que siento en mi propia tierra, que se nos hincha el pecho cada vez que hablamos de ella pero que la hemos convertido en el paraíso de arrieros y acémilas.

Durante una entrevista, Juan Eslava Galán me dijo una vez que con los años se ha vuelto profundamente pesimista respecto a la clase política. No acabé de comprender cómo un hombre con semejante lucidez veía el vaso sin una gota de agua, pero ahora intuyo que las palabras de don Juan iban más allá, pues no hay trincón sin trincado, y cuando éste es complaciente se convierte en obsceno.

De todas formas, esta frustración es pasajera, y el eterno status quo en San Telmo nos transportará pronto a todos al paraíso de las huríes. Así que disfrutemos de la primavera y nuestras fiestas mayores, y eso, que vivan las cadenas.

Las tiranías fomentan la estupidez.

José Luis Borges

Un comentario sobre “¡Vivan las cadenas!

  1. Escucho la radio. Oigo tertulias en las que impera la estulticia cómplice y cainita de una casta tan casta como la casta de la que hablan los nuevos castos que serán castos hasta que tengan que adjudicar contratos y conceder subvenciones. Oigo opiniones firmadas en barbecho que provocan misofonia. “Andalucía tiene sus peculiaridades”. Por mis venas corre la sangre abúlica de una tierra yermada por saturnos devoradores, temerosos de perder su escaño. “Andalucía ha dicho no a las políticas de austeridad”. Me seducen para que participe de un cambio quimérico al son de un cartesiano “voto, luego existo”. Un pueblo somnoliento que sólo se despereza cuando Casillas canta por soleares o una tonadillera marca un gol por toda la escuadra a Hacienda. “Ha sido una victoria personal de Susana”. Mientras tanto, tanto monta, rosas puños o gaviotas.
    ” La envidia de la virtud
    hizo a Caín criminal.
    ¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
    es lo que se envidia más.”
    Antonio Machado.

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